Saturday, December 22, 2007

una tragedia de ambición

(pequeña parábola kafkiana)

Hay un objeto A. Tiene dueño. El sujeto B lo codicia e intenta tomarlo. C y D le insisten en que desista. B les asegura que no renunciará. C le dice que sus pretensiones a la posesión de A no constituyen por sí mismas, de ningún modo, un derecho de propiedad. D le explica el derecho de A a la autodeterminación. Los argumentos de C y D oscilan contradictoriamente entre la instigación a la renuncia y la apología de la seducción: a A hay que, o bien dejarlo en paz, o bien entrarle de a poco, domesticarlo, encantarlo, convencerlo. De A es preciso que B: o bien no espere nada, o bien no espere más de lo que A pueda o quiera dar, y eso cuando A lo decida. Es decir: que B espere, simplemente. C y D exhortan a B a respetar la soberanía de A. Hay límites que acatar, le explican. Hay una ley que le prohíbe a B disponer a su gusto de A. Pero B alega que A es suyo y que no sólo va a tomarlo, y que no sólo va a tomarlo cuanto antes, sino que además no va a soltarlo aunque se lo traten de sacar por la fuerza. B trata a C y D de cobardes y no vacila en ir hacia A. Pero no puede ir solo: necesita a C y a D, quienes lo secundan y acompañan al principio, pero no van todo lo lejos que B opina que deben ir. Por el motivo que fuere, B pierde a A: ha podido asirlo con la ayuda de C y D, pero no logra conservarlo. Cuando lo está perdiendo, pide ayuda desesperadamente una vez más a sus aliados C y D, pero éstos invocan la prudencia. Al cabo de una corta lucha, A es perdido y B debe rendirlo. B culpa de su derrota a la cobardía de C y D. Por su parte, C y D cargan sobre B toda la responsabilidad del desastre.

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erotomanía

¿Qué bandera tejí en la nada, hilo por hilo
contra esta larga muerte que es el tiempo?
¿Qué imaginé, qué dije, qué vida creí ver,
qué revés de la trama de un crimen es este amor de páramo,
esta mano sola que te aplaude?

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Thursday, December 20, 2007

verano

Que savia y sol, amándose, engendren el verdor
de lo frágil y vivo, que una brisa tibia
acaricie la belleza de lo frágil;
que ilesa, amada, la belleza de lo frágil brille
en lo tibio del aire.

Venceremos, amor. Venceremos.
Toda la música está de nuestro lado.

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posición

Dos medialunas, un café, un agua.
Un Chevy Serie 2 estacionado
entre dos paraísos.
Un libro abierto junto a un jarro de cerveza
sobre un mantel de hule. Cosas a la espera
en la esquina de 4 y 60
a las 17:21. Como ellas,
yo tambíén aguardo
la hora en que hablaré.

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Sunday, November 25, 2007

Hombres, caballos, tigres, árboles y el mar

Hombres. De chica siempre me fascinaron esos extraños seres grandes y llenos de vida reconcentrada e intensa, fuertes y taciturnos como caballos o tigres o árboles, pero más hermosos aún que los caballos y que los tigres y que los árboles. Los hombres de mi niñez eran serenamente tristes y estaban siempre cansados, y siempre tenían algo que ver con mi padre. Me gustaba guiarlos de la mano a lugares, hablarles y hacerlos reír. Mi madre les temía. Mi padre les convidaba whisky. Yo era feliz si podía jugar al ajedrez con ellos o tocarles canciones al piano. Me gustaban sus voces graves y los olores de sus cuerpos. Los vi sudar bajo el peso de una carga o engrasarse en combate desigual con un motor, y los admiré. Un hombre es algo serio. Me gustaban y me gustan los hombres casi tanto como me disgustaban y me disgustan los niños. Pero involucrarse demasiado con los primeros podría engendrar los segundos, de modo que tengo un problema.
Les temo un poco, por ese famoso asunto del orgullo. Mi madre insistió demasiado en eso. Quizá demasiado. Pero por otra parte a mí nada me halaga tanto como la admiración de los hombres orgullosos, cuando encuentran en mí cualidades que creían exclusivas de ellos. Entonces siento que soy un poco ellos, y eso me hace feliz, porque me gustan tanto que todo lo que pueda acercarme a ellos, aun si logro acercarme lo suficiente para engendrar niños, me resulta insuficiente. Me gusta sentirme devorada por la mirada de admiración de un hombre orgulloso. Y tarde me doy cuenta de que esa mirada pone demasiada distancia. Y quiero estar más cerca, quiero guiarlos de la mano a un lugar. Quiero sentir sus olores de cerca. Y ver su mirada bien de cerca. Me bastaría con uno, uno en particular. Un hombre fuerte que haya sudado bajo una carga y haya soportado y me admire por haber soportado a pesar de no ser igual de fuerte.
Los hombres se parecen a las canciones. Cada hombre, para mí, tiene su forma y su color y su canción. Los hombres dan consejos. No me olvido del inglés que una noche en Mar del Plata me dijo que hay que resistir y luchar, "stand up and fight". Y nos tomamos cuarenta cervezas, las contamos al alba. Ni del marino mercante que me dijo "Vos y yo somos valientes: yo me meto en alta mar, vos te metés con la palabra" y al otro día me presentó a su madre. Los hombres me han salvado la vida. Siempre un hombre me salva de morir de desesperación por otro hombre. Y todo es un drama sereno y civilizado como una novela de Somerset Maugham.
Amo a los hombres.
No a todos, pero a algunos los amo.
Y a otros solamente los amé.

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Wednesday, November 21, 2007

MONTENEGRO

Guerreros éramos de la nada,
nuestra insignia una lágrima de nube;
atrincherados en algún pliegue del viento esperábamos
al tiempo, sólo al tiempo inagotable,
amantes casi en lo eterno y su vacilación de pálida vela,

en la inútil pluma índigo de su luz.

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Sunday, November 18, 2007

La guerra de los santos

Me dejo alcanzar. Por nada, una ráfaga
de viento; una franja de luz.

Este rayo que cae desde tan lejos
no puede sino ser parte de algo.

Todo naufragio espera.
Esto no durará.

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Tuesday, October 30, 2007

The Battle of Wuthering Heights

(soliloquio de Heathcliff)

Vadear ahora la sangre del corazón,
su hondura tibia. Ni avanzar ni rendirse,
nada aquí
que ganar o que me pertenezca
salvo saber que moriremos todos
y desear abrazarte al resplandor
fosforescente
de esa conciencia; no estar solos allí.
Temiendo acariciar -hiriéndote-
esto que ambos sabemos,
corderos ambos;
temiendo tu dolor, su dulce sombra,
temiendo gozar el eco de mi muerte en tu cuerpo
me detengo, Catherine amada,
me clavo en el agua del tiempo,
le cedo el paso al miedo de cruzar
el desierto de mí
y soy mi páramo.

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Saturday, October 13, 2007

el pájaro mismo

El poeta nativo Chang Tung
imitaba el canto de los pájaros.

Otros poetas componían variaciones;
pero Chang Tung, él cantaba siempre igual.
A donde iba, imitaba a los pájaros.
Su monotonía ofendía a los funcionarios.

¿Pero no es acaso así como canta
el pájaro mismo?
Siempre la misma canción.

Bienaventurado Chang Tung,
indistinguible del ave.

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Sunday, October 07, 2007

sobremesa

El poeta Dann no era tan viejo.
Ansiaba, sin embargo, presidir
la sobremesa. Mas no tenía discípulos.

No le pertenecía la paciencia
de cultivar lo verde. Él creía
que la verdad brotaría de su boca
cuando hubiera bebido lo suficiente.

"Mi guerra fue esperarlos", dice a Ran,
sentencioso, aferrando su vaso de sake.
Ran cuenta en un haiku cómo cargó
a otro guerrero que se desangraba:

lo cuenta y sus hombros tiemblan.

La insolencia de Dann es demasiada:
reprendo al viejo indigno. Ahí sentado
en su trono sin reino, nuevamente
ebrio, batalla contra fantasmas.

La suya es una primera línea inútil,
sin retaguardia, porque nadie lo sigue.
Dann comete un mismo error dos veces
pero sigue creyendo que tenía razón.

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Saturday, October 06, 2007

viernes

Total success la lectura en el Festival Internacional de Poesía. No tuve tiempo ni de postear un aviso acá. De 7 a 10 AM estuve revisando una traducción de un manual de tácticas de guerra, cosa muy útil para impresionar luego en alguna mesa de poetas con mis conocimientos generales de estrategia. Dentro de ciertos límites: el tipo de imágenes de guerra imaginaria que le gustan a la gente que nunca estuvo en una de verdad. Mi libro Itaca (2004) encontró sus lectores. Esa es la buena noticia. La mala es que está agotado. La otra buena es que lo reeditaré como sea. A pedido, a mano, uno por uno. A mandarlo por correo, a pagar via transferencia. Elegí fragmentos de Itaca pensando en los "Haikus de guerra" que Martín Raninqueo leyó el jueves. Él justo leía a esa hora en otro lado y no los escuchó, y no pude darle el libro. Se lo mando por email. De Soliloquios, que acaba de salir, no tenía suficientes ejemplares. Sólo pude poner tres a la venta. Y se vendieron. La gente se abalanzó a comprarlo. Podría haber vendido veinte o treinta en minutos, de haberlos tenido. Yo no lo podía creer. Esas son las cosas que uno lee que le pasan a otra gente. A Beck, a tipos así. Me pasó a mí.

Pude decirle a Raninqueo la culpa que sentí en 1982. Culpa por tener comida, abrigo y mi familia cerca. Mientras ellos estaban allá. Pude decírselo.
Patético D'Anna jactándose ante él de su miedo de 1976 -tono épico, JB en mano.
"Un problema, acá, las generaciones", murmuraba.

De 11 a 16 de ayer terminé de desgrabar y traducir mi entrevista a Allison Hedge Cooke del Rosario/12 de hoy. Grabamos la entrevista anteayer en el Club de Pescadores. "Te estuvo hablando", dijo al fin Allison, señalando un gorrión detrás mío. También descubrió su nido.
Y hoy, en la cinta no cesaba de piar un gorrión.

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