Wednesday, August 17, 2005

el celu

a mi amigo Edgardo Z., que nunca me encuentra


En Atopia, a diferencia de otros lugares donde la pertenencia a la especie Homo Sapiens Sapiens se determina a partir de tres condiciones, ser humano requiere cuatro: pulgar opuesto, posición erguida, lenguaje abstracto y teléfono celular.

Dar el número de celular, así sea para que no te llamen nunca (si no te llaman nunca, mejor) es un gesto de cortesía, una forma de calmar la persecuta ínclita de todo atopiano de bien. Persecuta cuya intensidad, en algunos casos, es inversamente proporcional a la disposición a realizar esfuerzos. Se agrava en el caso de artistas plásticas o de poetas, sobre todo si son de la generación que pasó la niñez sin televisor ni teléfono. "Te anduve rastreando", en Atopia, significa: "Te llamé dos veces y no te encontré". "¡Pero vos no estás nunca!" (dicho delante de mucha gente) significa: "Te llamé dos veces y no te encontré". A la pregunta: "¿Pero me dejaste mensaje?" responden, casi invariablemente, que les dan miedo "esas cosas". Pues bien, te llamaron dos veces y se resignaron, melancólicamente, a tu inexistencia telefónica, a la imposibilidad absoluta de hallarte ("Nos llaman, en promedio, DOS personas por día", me dijo anteayer Déivid. "¿Te compraste un celular PARA ESO?"), aceptaron ya la posibilidad (aunque no tengas auto) de que seas uno de esos seres egoístas que atropellan a alguien con el auto y siguen de largo.

Una vez más se reprocharán a sí mismos: "Pero qué mal que elijo a mis amigos". Tema de análisis: "¿Usted busca el rechazo, o la indiferencia? Piénselo." Y de pronto, el providencial milagro: "¡Pero MENOS MAL que te encuentro! Porque te anduve rastreando (i. e., te llamé dos veces), ¡pero vos no estás nunca! (i. e., "Te estoy dando pie para que confieses que estabas pero no me atendías porque justo estabas conectada, debés ser adicta a Internet, vos"; i. e., "NO ME ATENDISTE ninguna de las dos veces que te llamé, y no volví a insistir porque pensé que era inútil, que vos no querías oírme ni verme, que tienen razón los que dicen que sos re jodida; a partir de esto que me hiciste, o mejor dicho, que NO hiciste por mí, yo también te tengo en ese concepto"). Atopianos, ¡al cobalto! Todo cambia si les das el número de tu celular. "Llamame al celu. Anotá mi número" significa: "He aquí una persona responsable, dispuesta a escucharte 24 x 7, alguien que no se va a borrar, que no va a desaparecer, que pase lo que pase va a estar ahí".

No importa si después el celu no tiene batería, si les da con la casilla de mensajes ("te anduve rastreando" = "te llamé dos veces, una al fijo y otra al celular"). No importa porque lo más probable es que jamás te llamen. Pero no lo olvides, es la gente que puede darte trabajo. (Escribo sobre arte y poesía, y mis clientes son poetas y artistas. "Gente con capacidades especiales", según Déivid.) Dando tu número de celular te labrarás un nicho como profesional comprensiva, HUMANA. Ya saben: pulgar opuesto, etc.