Tuesday, May 30, 2006

salí a almorzar

Esto ya parece un blog de gente normal; con pausas comprensibles de cinco días entre un post y otro.

En el medio hubo montones de novedades: nota en El Eslabón sobre este blog y otros, inesperadas ramificaciones internas y externas de la misma, pronta presentación de antología en Norma, invitaciones (¡sorpresa!) a más actos culturales oficiales en Atopia, y extensión del cuiducto (Déivid prefiere llamarlo así) gracias a un tubo de cartón aportado por Gabi, un ingeniero mexicano amigo, y a otro tubo de PVC como el que recomendaba Acteón.
Les da un poco de miedito pero lo cruzan.

Y empieza el Mundial. Uno solo de sus detalles me intriga, y no ceso de preguntarme: ¿qué piensan hacer Serbia y Montenegro si ganan la copa? ¿Serrucharla al medio?
¿Se pegarán patadas entre ellos los jugadores montenegrinos y serbios, cuando jueguen? ¿Subdividirán el equipo en dos facciones de cinco jugadores y medio?

No me voy a comprar un televisor pero sí una heladera, porque mi única conexión con el estúpido deporte consistente en un montón de tipos corriendo tras una pelota es el Ser Pingüino (y no precisamente por Kirchner).
No sé, me caen mejor el pool y el ajedrez.
Deportes minoritarios, diría la Sarlo.

Además he empezado a elaborar la hipótesis de que la traducción constituye una forma de meditación: mucha concentración, muchas horas, todos los días; se entra en estado alfa y el cerebro entra en sincronicidad con el cosmos. O no, pero suena re lindo.

Haber sabido que encerrándome a traducir (y, detalles nada menores, escribiendo semanalmente en Rosario/12 y dejando en paz a la gente por lo demás) se arreglaba todo, habría empezado antes.

APDÉIT DEL 20/06/2006: EL diario no arregla nada.
La traducción, sí.

Thursday, May 25, 2006

Rodolfo E. Vignoli

13/10/1932 - 25/5/1997

Wednesday, May 24, 2006

creepy, huh?

¡Válgame Dios!

Justo cuando terminaba de redondear el pasaje de la terrible tormenta del capítulo 9 y de teclear las palabras: "un gran estrépito de piedras y hollín sobre el fuego de la cocina", SE CORTÓ LA LUZ.
¡Qué mejor que traducir "Cumbres Borrascosas" a la luz de las velas!
Con el corte de luz perdí el párrafo de la tormenta; pero como justo Déivid había tenido la buena idea de comprar en el Ejército de Salvación un montón de velas usadas, que yo recordaba dónde había guardado él, pude contar (además de mi proverbial velita Ranchera en el cajón de los cubiertos de la cocina) con luz suficiente para rescatar el párrafo a mano en un cuaderno, guiándome por la versión castellana en papel que uso como guía.
Cuarenta minutos, nada más, duró el corte de luz.
Seguí traduciendo (tengo el original sólo en versión electrónica), y a poco de continuar me topé con este dato: "en veinte minutos cesó la tormenta".
Durante la misma, en la ficción por supuesto, había caído un rayo.
Joseph, el criado supersticioso, había tomado esa tormenta por una "visitation".

"Mierda", dije.

Y seguí adelante. Casi sobre el final del capítulo, estaba agotada. Decidí parar, pero me puse a pispear la oración siguiente como para alentarme a avanzar un poquito más. "En este punto del relato, mi ama de llaves echó una mirada al reloj de la chimenea, y se quedó atónita al ver que las agujas marcaban la una y media", decía.
Atónita me quedé yo cuando eché un vistazo al reloj de la computadora en el ángulo inferior derecho de la pantalla y vi que marcaba la 1:43.

Juro que nunca más, nunca más me voy a reír cuando diga: Bradford, en Brontë Country.

¿Emily vive?
No sé, pero por las dudas le tengo un respeto...

Monday, May 22, 2006

Nido de cuises

Más sobre los animales experimentales


El cuiserío, descontrolado totalmente, nos ha tenido a maltraer.

Primero, el Negro: "Está tratando de coger a su mamá", se quejaba Déivid en perfecto argentino, mambo edípico incluido y todo.

Solución: castración.
La operación fue un éxito; hoy Déivid le sacó los puntos.

Segundo: nuestro estudio y la pieza de Déivid ya eran un absoluto chiquero.

Solución: "El Muro".
Déivid decidió cerrarles la puerta del corral y dejarlos adentro.

Considerando lo silvestres y malcriados que son estos bichos, tantas y tan drásticas medidas de higiene no podían redundar en nada bueno.

Nuevo problema: El Motín.
"Están enojadísimos. Están haciendo una huelga de silencio", dijo Déivid cuando los vio, paraditos en lo alto de sus diminutas celdas de cartón. Habían interrumpido su parloteo.
"Están quemando colchones", informó Déivid.
Puede haber sido mi imaginación, pero cuando me asomé juraría que vi un microscópico teléfono celular en la patita de Dora, la gordita.
"¡Sacale el celular a la gorda, Déivid!", grité desde el comedor. Mi mente, trabajando a mil, ató cabos: conque ese era el idioma extraño en que discurrían. ¡Portugués! ¡Dialecto paulista! La mano venía muy pesada...

Solución: el cuisoducto.
Lo pensé anoche, antes de dormirme, y se lo conté a Déivid esta mañana. La idea, básicamente, fue fabricar un tubo que les permita llegar desde el corral hasta el estudio (les cedo el estudio, pobrecitos) sin enchastrar la pieza de Déivid ni masticarle los libros. En el desayuno analizamos el proyecto: materiales, radio, circunferencia, si era preciso o no abrir ventanas para luz y aire... "Habrá que experimentar", dijo Déivid. "Para algo son cobayos". Y de inmediato echó mano de un tubo de cartón que había juntado en la calle, abrió un boquete en la malla de alambre del corral y lo incrustó ahí. "Ahora voy a negociar con ellos tu propuesta", prometió. No teníamos mucha fe en que tuvieran la inteligencia necesaria para atravesarlo, pero el caso es que superaron nuestras expectativas. Primero, los notamos más animados. "Hay una esperanza", dijo Déivid. "Sí, la luz al final del tunel", agregué. Cuando nos quisimos acordar, todos, incluso Dora, entraban y salían por el tubo como Pancho por su casa.
"Han vuelto a cantar", dijo Déivid. Y me agradeció mi idea.
La paz había vuelto a nuestra estación zoológica de la calle Holmberg.

Seguiremos informando.

Sunday, May 21, 2006

retrato...

...del supuesto artista supuestamente maldito como supuesto héroe supuestamente trágico... pero, eso sí, involuntario

Esas ansias de ser sin atenuantes ni ayudas de ninguna especie lo impulsaron a aferrarse a lo único que es solo de cada uno, al sentimiento...

Es muy largo para postearlo entero, pero no tiene desperdicio, el ensayo de Héctor A. Murena "Roberto Arlt o el sacrificio del intelecto" que publicó hoy el suplemento Radarlibros de Página/12.

Justo hoy es uno de esos días en que me desperté pensando: ¿Qué hago? ¿Me arrepiento una vez más o decido dejar al fin de arrepentirme de no haber querido seguir transando con la lógica corporativa e hipócrita de los intereses creados de esa burguesía de cotillón que es hoy el establishment literario nacional? ¿Intento en cambio una vez más, con la peor torpeza y mala leche, autodecretarme héroe trágico por haber metido la pata de esa manera, o de ahora en más me la banco? ¿Denuncio nomás el hecho de que la poesía argentina se define como apuesta estética por la anulación de la primera persona porque su ética es la de la conveniencia? ¿Digo al fin que los críticos y los hacedores de poesía desdeñan el sentimiento por hallar en él -acertadamente, me temo- la expresión del descastado?

¿O mejor me callo?
¿O mejor sigo trabajando, con incólume fe en los mitos de clase media (o del sentido común) de la lucha por la buena calidad, el trabajo, el ahorro y la perseverancia?

Todo esto lo fui rumiando con fondo de imágenes y soundtrack de la bellísima y amarguísima y ultra recontra pesimista Matchpoint, la entrada con gloria y cum laude al melodrama burgués decimonónico de Woody Allen, alias "Ídolo": el yanqui judío que decidió por fin hacerle justicia al cine y hacer como si Jane Austen o Charlotte Brontë o Dickens o Thackeray hubieran podido agarrar una cámara.

Pero entonces H. A. Murena resucitó y dijo:

¿...acaso no es la novela –bizantinismos aparte– lo no común, el evento extraordinario e impresionante? Es tornar verosímil un hecho que rompe el orden vulgar, maravilloso, y agreguemos que cuando se cae en lo inverso, en querer exponer lo maravilloso que hay en lo vulgar, cuando se persigue la psicología, la caracterología y la verdad, o sea cuando se practica el llamado realismo, se logran naturalmente plausibles resultados sociales, descriptivos, poéticos, filosóficos, pero se confiesa al mismo tiempo un impotente desdén para lo que es esencial en la novela.
...
Y aunque hoy vayamos perdiendo cada vez más y más la capacidad para percibir la blasfemia que encierra el querer ahogar a la imaginación bajo la realidad, esa blasfemia se vuelve incesante y peligrosamente contra nosotros. Piénsese sólo en los recientes narradores norteamericanos, quienes, para lograr un lenguaje original, una forma que les asegurara el ser, extremaron la seductora fórmula realista de suprimir la presencia del autor, de dejar hablar al mundo tal como es; piénsese en ellos, en cualquiera de sus obras, y se recordará por sobre todo la punzante tristeza que exhalan.
...
(NOTA: Donde dice "narradores" léase "poetas narrativos".
Donde dice "norteamericanos" léase "argentinos".
Donde dice "recientes" léase "de los 80 y 90".
Esta notita fue un aporte de los Dres. Durden & Norton al desastre, la catástrofe y la destrucción generalizadas que reinan en el ultrabizarro campo de la literatura nacional.)

Pero sigue Murena, luego de oponer a la tristeza del realismo la alegria de la invención, y volviendo la mirada sobre sí:

...lo que Arlt, al afrontar el problema general de la vida, descubrió en sí y transmitió a sus personajes, a semejanza de Dostoiewsky, fue que los argentinos, los americanos, como los rusos, sienten una especie de ilegalidad vital, una desautorización de sus existencias en el ámbito nacional, como si esa justificación estuviera reservada sólo para el occidente de Europa, una ilegalidad que con la búsqueda de la intensidad del sufrimiento, de los apretujones del dolor, se intenta superar.

Recomiendo leer todo el artículo. La figura de héroe que traza, con firmeza nietzscheana, Murena al dibujar a Arlt, habla implícitamente de una voluntad de heroísmo. Pero, ¿hubo esta voluntad en Arlt? Habría que investigar -¿no es cierto?- antes de darlo por sentado sin más. Cabe además preguntarse: ¿La hay en los giles como uno, le caben los laureles de héroe trágico o de poeta maldito a cada uno de los boludos que quedamos tirados en la banquina por no tener la viveza de adaptarnos al menú de sapo crudo de las pseudo élites que diseñan nuestra literatortura nazi-onal?

No sé. Temo que no. Mirando en perspectiva, me parece que la grandeza de esos dos ilustres compatriotas tiene que ver con su obra, no con el hecho de que los hayan ninguneado por aguafiestas. O eso quiero creer, bah. Porque si no, lo que estamos tomando como marco a la hora de definir la grandeza moral de una figura literaria a la cual poder considerar un ejemplo o referente, es la idea de un mundo social donde para ser mínimamente humano, es decir, para ser apenas fiel a un sentimientito propio, a una vocecilla individual o siquiera a algún tímido atisbo de crítica, hay que optar necesariamente por el mal mayor; decir la propia palabra sería convertirse en buchón, sería traicionar el silencio corporativo, hacer lo que no conviene, en suma: sería suicidarse heroicamente, y devenir mártir. O delator.

Y yo no creo que tenga que ser así. Hay muy poca carne en esa tonta historia como para que tirarla al asador falsifique un infierno salvador a la medida del heroico Judas Iscariote New Age. Nietzsche dijo: "Di tu palabra y hazte pedazos".

Pero tampoco puedo olvidar la cara del protagonista de Matchpoint al final: ese primer plano del asesino a un costado de su armonía familiar, esa cara bella y triste puesta ahí para que todos lo compadezcamos, para que pensemos: pobrecito, lo que TUVO que hacer para conservar esto...
Ese tono, el tono de esa lástima, el tono de esa cara, campea en mucha poesía argentina de los ochenta; en demasiada, tal vez. En mucho de la mía, sin duda. "Pobrecito, tuvo que renunciar al sentimiento...".
¿Y?
Elegiste el mal menor: no sos un héroe. Con lo que ganaste a cambio, loco, andá a que se apiade de vos tu abuelita...
Y la contrapartida de eso es la imagen devaluada del sentimiento individual como la cosa mersa y grasa del lumpen idiota que no tiene el tino de cuidar lo que ganó.


¿A dónde apunto con todo esto?
A que no puede ser que el goce del juego perverso con el poder y sus dilemas de hierro sea todo en este maldito país.
¡La vida es corta!

Como dijo Florecita:
¡A bailar!

Friday, May 19, 2006

un experimento

Para probar nomás, usar un programa que traduce:

'Joseph is loading lime on the further side of Penistone Crags; it will take him till dark, and he'll never know.'

como:

'Joseph es la cal cargante en el lado extenso de Riscos de Penistone; lo tomará hasta la oscuridad, y él nunca sabrá.'


Ya no se trata de automatismo psíquico puro, sino de automatismo puro.

Thursday, May 18, 2006

Empiezo a entender qué falló

Pero esta vez va en serio.
Ayer, hablando con un, no diría estudiante -pongámonos más dramáticos-, con un sobreviviente del Traductorado (el corrector gramatical de Word te va a decir que la palabra sobreviviente no existe, te va a proponer "superviviente"), terminó de bajarme la ficha:
¿Pero había que estudiar solamente esa carrera, un terciario técnico, confiando en que (además de por supuesto enseñarnos a traducir, cosa que hizo) aportaría las calorías literarias necesarias para toda una vida útil de hacerse bolsa los tendones de las muñecas percutiendo un teclado alfanumérico, y ambicionando insensatamente, como premio a semejante esfuerzo físico, un lugarcito en la salvadora industria editorial?
¿Había que hacerle caso a esa profe idolatrada y súper piola que aconsejaba no meterse en Letras? ¿Había que pensar que eso en cambio era un buen lugar sólo por la que te enseñaba un poema de Milton y la que te hacía traducir a Poe? ¿Había que soportar a todas esas otras profes tan prácticas, tan técnicas, tan peinadas, tan casadas, tan a centavo la palabra, tan proclives a usar como insulto una palabra tan decimonónica como "bohemio" (siendo "decimonónico" un insulto muy superior)?
¿Había que zambullirse de cabeza en ese simulacro rosarino de la Inglaterra victoriana provinciana que mató a las hermanas Brontë, sólo que más mediocre, más de clase media baja, más de peluquería de barrio, más de mierda?
¿Era preciso?
Habiendo una Escuela de Letras a tres cuadras, ¿era preciso?
Habiendo una Inglaterra de verdad a pocos miles de millas marítimas, ¿era preciso?
¿Qué nos hizo pensar que saldríamos enteros de ahí?
¿Eh?

Saturday, May 13, 2006

Nadando hasta dónde?

Con Déivid, empapado inexorablemente nuestro hogar de Cumbres Borrascosas (el año pasado nos tocó Hamlet, no fue joda) hemos venido conversando, en las pocas comidas que logramos pergeñar más por constancia de él que por la mía (no es por falta de guita: sufro por mi parte de adicción al delivery) acerca de las alegorías centrales de los novelas modernas clásicas. Es un tema literario que a Déivid le interesa, porque tiene que ver con su pasión por los animales.

No sé por qué, casi siempre se trata de aves.

Así, la alegoría central de Cumbres Borrascosas es "la historia del cuco", es decir, la del pájaro que pone sus huevos en nido ajeno, desplazando a la cría original. Es explicitada en el tono sensato de la criada Nelly Dean, narradora testigo: Heathcliff es el cuco, Hareton Earnshaw el pichoncito desplazado. Por citar uno de esos datos inutiles que se encuentran googleando páginas de otros enfermos por los datos inútiles que quieren compartirlos (tengo, según Déivid, el atenuante de que yo los busco por mi trabajo), el pájaro invadido en cuestión, en la vida real, es de la especie del acentor común o (en inglés) dunnock. Se lo conoce en Cataluña con un nombre mucho más bonito, pardal de bardissa, y si hubiera en Argentina le diriamos el pájaro gilastrún; encima, pobrecito, se encuentra en extinción, lo que no es de extrañar.

Otra: en The Catcher in the Rye (El cazador oculto, en la versión de Aurora Bernárdez; o: El catcher en el campo de centeno, etc.) de J. D. Salinger, el protagonista (Holden Caulfield) se pregunta a dónde van los patos del lago de Central Park en invierno, cuando el lago se congela. Se está preguntando eso y acaba de escaparse de su colegio y de su casa; es invierno, y no tiene a dónde ir.

Ayer vino de nuevo a visitarnos Rubén, el cobrador (cobrador de la cuota del Taller Ecologista de Déivid y del alquiler de mi inquilina), que se convirtió automáticamente en mi amigo cuando pidió permiso, se arrimó a mi biblioteca, vio los lomos de varios libros distintos con la firma de Chandler, empezamos a hablar de novela negra y me contó que tenia diez libros de Jim Thompson.

¡¡¡Jim Thompson!!!

Lo convidamos con una rica pastafrola casera (obra de Déivid) y, cortésmente, sacó el tema de los pingüinos. Él los vio por la tele, yo en el diario; Déivid no tenía idea, pero justo era SU tema, así que se lució de todos modos: nos contó la historia de los pingüinos Magallanes del zoológico de San Francisco, California.

Un día, los pingüinos Magallanes del zoológico de San Francisco se metieron en su pileta y se pusieron a nadar en círculos. Nadaron sin parar, sin que nadie lograra distraerlos, durante meses; un día, pararon.
¿Qué les había pasado? Resulta que el pingüino Magallanes es un ave migratoria. Habían hecho en círculos un trayecto que, en línea recta, los hubiera conducido a la meta de su viaje.

"Es para matarse", dijimos Rubén y yo, casi al unísono, en total empatía antropocéntrica masiva con lo que deben haber sentido esos bichos cuando pararon de nadar, y se encontraron en el punto de partida. "Para matarse": en realidad, una forma de decir que su situación nos parecía, después de todo, bastante cómica.

Llegué a la conclusión de que esa, la de los pingüinos Magallanes del zoológico de San Francisco, es la alegoría central de la crisis de los cuarenta. Parás de nadar, y estás en la misma pileta donde empezaste; mientras nadabas, mientras no parabas, te creías Gardel; mientras nadabas, creías ir en línea recta rumbo a la gloria.

Uy, mañana mi primo Andrés cumple 40...
Happy birthday, anyway!

Monday, May 08, 2006

Yo también fui un treintañero insoportable

Yo también miraba a los mayores de cuarenta como con ganas de decirle a mi mejor amigo: "Ey, por favor, ¡prometeme que vas a matarme cuando yo me VEA ASÍ!".

Yo también tuve amigos a los que creía que les podía pedir esa clase de cosas.

Yo también me sentí genial a cada frase alambicada, rebuscada y retorcida que escribia, y cuando la releía pensaba: ¿cómo nadie se da cuenta de lo genial que soy?

Yo también creí que todos los demás eran unos imbéciles. Sobre todo si tenían más de cuarenta años. Pensaba que había un gen de la imbecilidad que se detonaba a los 39.

Puede que no me haya equivocado tanto, después de todo.

Yo también creí que cuando alguien me decía por qué no te vas del país, me estaba dando un buen consejo, no tratando de librarse de un treintañero insoportable.

Yo también creí que todos se alegraban de verme.

Yo también tardé diez años en darme cuenta de que nadie me soportaba. Especialmente, los mayores de cuarenta (¡ey! ¿son telépatas, o qué?)

Yo también creí que emborracharse hasta la ceguera era ser súper cool.

Yo también tardé más de diez años en entender la conexión entre aquella idea de que emborracharse hasta la ceguera era ser súper cool y mis nulas posibilidades por entonces de conseguir o de conservar un trabajo.

Yo también le eché la culpa a la crisis.

Yo también me lo creí cuando me dijeron que no me preocupara, que el problema era que me discriminaban por mi talento.

Yo también me creí que toda la gente era tonta, mala y envidiosa... menos yo.

Yo también me preguntaba qué me podían envidiar a mí.

Yo también tuve esos raros instantes de lucidez como el inmediatamente arriba descrito.

Yo también organizaba cosas, organizaba cosas, organizaba cosas.

Yo también tomaba, tomaba, tomaba, y escribía unos textos que a mí me parecían re maravillosos sobre lo re maravilloso que era vivir re dado vuelta.

Yo también me pregunté cómo nadie me daba un premio por ellos.

Yo también creí que iba a morir joven, como mueren todos los talentos incomprendidos.

Yo también creí que era un aristócrata y que no necesitaba trabajar.

Yo también creí que toda mi vida iba a ser lindo y atractivo.

Yo también creí que a esa mujer que me adoraba iba a poder maltratarla todo lo que quisiera, total nunca me iba a dejar porque siempre me iba a adorar, total de última si se iba, yo era tan adorable que todo el mundo me iba a adorar siempre.

Yo también le dije, a esa mujer: nena, si vos te vas, viene otra, ja, ja.

Yo también creí que ella se suicidaría luego de oír aquello.

Yo también tardé más de diez años en darme cuenta de lo equivocado que estaba en los siete supuestos enumerados en las tres entradas previas de esta lista.

Yo también tardé más de diez años en darme cuenta de que el único tonto era...


...adivinen quién.

TEST: ¿es usted...

...una persona muy ocupada?

(o desorganizada...)


Levanta los mensajes del contestador automático sólo cuando agarra el tubo del teléfono para llamar al delivery.

Llama al delivery. Suena el teléfono hasta que usted se da cuenta de que no van a atender porque es lunes.

Así, se da cuenta de que es lunes.

PROPA: El Taller de los Sueños

Taller de escritura y lectura de Wáshington Cucurto, Santiago Vega y Santiago Llach (LOS TRES)


"La dupla San-San abre su taller e invita a un recorrido único por la dulce estafa de la literatura.
El Taller de los Sueños es una experiencia de intensidad en relación con la literatura, el trabajo con el ruido y la afinación de la vieja poesía, un abordaje poligámico a los textos.

Se someterá a tus cuentos y poemas a una guerrilla lírica, se detectarán sus intensidades y se las pondrá a trabajar.

Se leerán los grandes poemas de las vanguardias, sus locuras políticas, todo ese publicismo del yo, y pensaremos en la edición y el autobombo: cómo hacerse escritor. Cómo hacer guevarismo editorial, cómo alimentar el Gran Canto Colectivo.

Será un taller sobre la literatura y la vida, la literatura y el paisaje deforme de la ciudad. La derrota y los sueños para darle de comer al monstruo de la poesía.

Prosa, prosa poética, verso, verso libre, santa rima, cuento, relato: la gran poesía que ya no quiere llamarse así: cómo seguir haciendo literatura en el fin de los tiempos, cuando la literatura tal como la conocíamos ya se terminó.

Lectura intensiva de los grandes escritores y poetas americanos: Francisco, Hinostrosa, Whitman y todos los poetas amados. Armar la tradición, devorar, copiar y pegar: cómo imaginar el mundo después de las lecturas: desmitificar para armarse un mito.

Combos a medida
Vos armás tu grilla y la manera de participar.
Circulación intensiva por mail, visitas de escritores, lecturas.

$50 por mes.
Vacantes limitadas

Muestra gratis, con licor a cargo de la casa: domingo 14 de mayo a las 18:30, justo cuando la Tristeza viene de visita."

sansantaller@hotmail.com

tel. (011)4823-2703


¡Suerte, chicos!

Saturday, May 06, 2006

¡ilustre colega!

La "fidelidad del traductor" es desmentir permanentemente el adagio según el cual "todo traductor es un traidor" y "toda traducción una interpretación". Con semejantes principios, es muy fácil renunciar a traducir verdaderamente.

Jean Laplanche
(traductor de Sigmund Freud del alemán al francés)
FUENTE: Ñ

Friday, May 05, 2006

"We HAD a revolution!

We lost!"

Richard Pryor
(1940 - 2006)


FUENTE:
http://www.kpfa.org/

Tuesday, May 02, 2006

¡Ratas ingratas!

Se morfan TODO estos bichos hijos de mil putas. Todo, menos lo que uno les compra.
Y cuando digo todo, quiero decir precisamente eso. Ya devoraron casi completamente, en sus incursiones matinales al estudio, la bolsa de plástico en que venía la caja con el módem ADSL de Fullzero. Pero a los hinojos no los quieren, no hay vuelta que darle. Encima parlotean en una lengua desconocida que parece guaraní: ¿Curuzú Cuatiá? pregunta uno y el otro insiste: Curupí, curupí. Qué querrán decir, andá a preguntarle a la Negra Sosa. O a Teresa Parodi, mejor.
Lo de ratas es casi literal: son roedores.
Lo de ingratas es porque se siguen creyendo que nos los vamos a morfar nosotros a ellos. Y cuando uno entra en la pieza donde tienen el corralito, pegan un grito de alarma que te parte el corazón.
Así están las cosas en nuestro departamento de zona sur: regamos las plantas, pasé el gato al régimen de Excellent adulto, pastoreamos y alimentamos los cuises, les damos comida a las lombrices también, todo bajo un lindo solcito de invierno mientras avanza mi traducción de Cumbres Borrascosas, que es uno de esos libros donde uno quisiera quedarse a vivir.

La Nueva Cosa, cap. 1

Tú, transeúnte, detente y considera: este lugar, mientras tuvo quienes lo nombraran, se llamó Atopia, y fue una ciudad de dos millones de almas en uno de esos países del Hemisferio Sur que llevaban por nombre el de alguna de sus riquezas, reales o imaginarias.
El país estaba cerca de un polo, pese a lo cual era más bien cálido, incluso tórrido. Era, por supuesto, más frío al sur que al norte. Era húmedo en el este y seco en el oeste, como una ropa tendida en la soga que no hubiera terminado de secarse.
Continúa en: Goma de Borrar
Permalink:Goma de Borrar

Monday, May 01, 2006

una cita

"Y es que tan sólo al otro se puede abrazar, abarcar por todos lados, palpar amorosamente todos sus límites: el carácter frágil, terminal y concluido del otro, su ser aquí y ahora, se conocen por mí internamente y se constituyen mediante el acto de abarcar; es en ese acto donde el ser del otro vuelve a vivir, adquiere un nuevo sentido, nace en otro plano del ser. Sólo los labios del otro pueden ser tocados por los míos, sólo sobre el otro pueden colocarse las manos, sólo por encima del otro podemos elevarnos activamente abarcándolo todo, en todos los momentos de su ser, su cuerpo, y el alma que está en él. Todo esto yo no lo puedo vivir con respecto a mi persona... Yo mismo no puedo ser autor de mi propia valoración, así como no puedo elevarme agarrándome a mí mismo de la cabellera."

Mijail Bajtín
Vitebsk (Siberia),
circa 1924