solas y felices
Ilusa yo, que me creía que las/12 era un suplemento progresista. En la nota de tapa de hoy, ilustrada con un hongo, se lee entre líneas un diálogo de sordos entre los testimonios y las conclusiones, entre la realidad y los discursos que pretenden describirla. Mientras que las voces entrecomilladas de las solteras, viudas y divorciadas trasuntan felicidad, satisfacción, plenitud, convicción, las opiniones de las expertas tienden a teñir todo de gris oscuro. Mientras que las mujeres entrevistadas pintan al hombre cama adentro como una insoportabilísima carga, el comentario supuestamente sabio y progre insiste todavía (contra toda evidencia) en que el varón en casa es el sostén, si no ya económico, por lo menos afectivo y sexual de la mina (como si no bastaran los amigos, los amantes...). Peor aún, insinúan que casarse o juntarse sigue siendo el "logro" femenino por excelencia...
¿Qué les pasa? ¿No ven la sensatez de esas mujeres, su alegría, su libertad? Justamente anoche me comentaba Déivid (que es yanqui) sobre el feminismo real que él notaba en la sociedad argentina: "Las mujeres acá son fuertes, autosuficientes, hasta ganan más que los hombres; los tipos argentinos son unos pelotudos. Lo típicamente argentino es que la mujer se divorcie llevándose los hijos y corte toda relación con el ex marido; y la reacción típica de ellos es 'uf, bueno, andate, total, me busco otra chica...'." Déivid, que se declara orgullosamente feminista (y lo es), propone medio en broma reemplazar el machismo por un "hombrismo" y no deja de asombrarse ante el contraste que nota entre nosotros y otros latinoamericanos, para quienes el machismo va en serio: "En México, el hombre es el dueño de la casa. Acá, en este país, ¿cuál es el lugar del hombre? ¿El fútbol?".
Mi visión personal del asunto es que nosotras hemos seguido avanzando y ocupando lugares sin pedirles permiso, mientras que ellos siguen instalados anacrónicamente en el sitial desde donde deben, o creen que deben, darnos venia de paso. Cuando creen ser patriarcas, sólo son adolescentes criticones. Cuando creen ser padres, sólo son hijos. Cuando sean "sólo" nuestros iguales, aceptémoslos. Ya que mientras más pretendan desautorizarnos, más se desautorizarán a sí mismos, porque ¿cómo puede ejercerse un poder sin autoridad alguna, cuando desde el supuesto lugar de la subordinación se les retira, a ese poder y a esa autoridad, todo consenso?
ADVERTENCIA: Esto no fue un post contra los hombres en general. Esta publicidad (en contra) es sólo válida para Argentina y se basa en observaciones parciales, no más de una media docena de casos. No descarto la posibilidad de que, en respuesta adecuada al boicot ("prefiero vivir sola antes que aguantar a un pelotudo", parece ser el grito unánime), algunos hombres argentinos estén evolucionando y se vuelvan seres civilizados, capaces de convivencia igualitaria...


