"La tranquilidad, uno descubre, es enorme, cuando no hay nada que defender ni de qué defenderse, ni por qué rendir cuentas ni por qué andar calculando los posibles efectos", dice, en un post que dio en titular "Fichas",
Daniel Freidemberg , poeta argentino e invitado (para mi gusto: de lujo, hay que decirlo) hoy en Kaputt.
Dice allí (escribe) muchas otras cosas (palabras, que son cosas). Allí la comparación de la poesía con el juego, la pregunta por el tiempo perdido o aprovechado, continúan de algún modo un largo diálogo que venimos teniendo entre él y un par de bloggers a través de diversas mutaciones bloguísticas. La penúltima de las cuales es que este tipo, este autor, tras décadas de escribir, traducir, compilar, publicar libros, fundar y abandonar revistas de poesía, ahora abrió su blog, sin más pretensión que la de escribir algo. Y a nuestro llamado le brota este texto de domingo como una flor sólida, una magnolia de esas que están quietas sobre su propio centro con un perfume pesado. Que es dulce, nocturno y esperanzado a la vez como sólo puede ser esperanzado lo nocturno, lo abierto a la más gratuita maravilla, a la sinrazón misma del existir; esperanzado como lo que ya no espera más nada de nadie, como lo que ya no especula con ganar y sigue jugando por jugar.
Por mi parte yo justo hoy estaba pensando que la más bella de las emociones humanas es el cansancio. Y que la más estúpida de las ideas artísticas es la de la vanguardia.
Pensaba postear esas frases acá en mi blog pero no sabía como seguir: temor a las malas interpretaciones, a que me lo lean como algo depresivo o suicida, o nihilista, o conservador y tradicionalista, y no, no es la idea... Y justo visito Kaputt y me encuentro con que (entre otras cosas, entre otras palabras) Daniel Freidemberg dice:
"La inspiración, el talento, la creatividad, el toque inexplicable con que Dios o vaya saber qué agracia a algunos espíritus y no a otros, existen de verdad, se pueden percibir concretamente. Prosa poética o poema en prosa, el texto es largo, inteligente, realmente bien escrito, se percibe que su autor es una persona culta pero nada carente de información sobre minucias políticas, mediáticas y de la vida popular. Se ve una actitud audaz, una voluptuosidad del riesgo, una noción del valor de las palabras y una desenvoltura nada habituales. Sabe jugar, además, sabe divertirse y divertir, es diestro para la ironía y el metalenguaje, tiene evidentes conocimientos teóricos que no teme mostrar y que administra bien como piezas de un montaje heterogéneo. Consigue mantener ostensible distancia de casi todo lo que se puede entender como políticamente correcto, sentimental, naïf o propio de almas bellas, domina idiomas y es muy sagaz y capaz de advertir detalles significativos. Se nota que ha viajado, y que no ha viajado en vano, que no le gustan las soluciones fáciles, que no le huye al escándalo y que descree de la transparencia del lenguaje. Un texto sorprendente, un texto admirable, un texto lúcido, un texto valiente, un texto apabullante, un texto original. Y que además permite, de pronto, comprobar algo que no siempre aparece tan evidente: la inspiración, el talento y la creatividad no eran embelecos fraguados por vates románticos; existen, operan, se hacen notar. Uno lo advierte al tratar de definir qué sería eso que, irreparablemente, a ese texto excepcional le falta."